¡Refugio!

Ana Mercy Otáñez
amercy@gmail.com

Cada quien debe tener un espacio donde reconectarse consigo misma, recargar energías y entre la soledad y lo privado encontrar libertad para ser, estar, hacer, crear, pensar, definir y explorarÖ Diseñar ese ambiente no amerita de una gran ambientación, pero si deben primar los deseos del corazón y ser un lugar donde se cobijen nuestros gustos, hábitos, costumbres y podamos cubrir nuestras expectativas de espacio. Hay quienes viven bajo el caos y el desorden y son felicesÖ Otros, ameritamos del orden, la limpieza, los olores y la claridad, al tiempo de utilizar de forma armónica la combinación de las formas, los colores, las luces, la música y la naturaleza para finalmente encontrar la sincronización del cuerpo y alma y así poder dejar viajar la parte más poderosa de nuestra personalidad que es la mente. Los seres humanos estamos compuestos de: cuerpo, mente y almaÖ Y nuestros pensamientos nos definen. A su vez, estos están basados en imágenes, porque así hemos sido programados. Hay diferentes tipos de valores personales, distintas ideologías, variedad en los sistemas de creencias e identidades culturales, estos son elementos básicos que adornan la personalidad individual, pero sin una visión clara las personas perecemos, por lo que cada cierto tiempo debemos propiciar un encuentro con nosotras mismas donde a través de una introspección, unifiquemos nuestro estado actual con las expectativas de nuestras más intrínsecas aspiraciones. Nuestro potencial como seres humanos es infinito y nuestra visión del mundo es única, de ahí que cada cabeza es un mundo y es nuestra percepción o enfoque lo que nos llevará a valorar nuestra interpretación de la realidad. Le recomiendo identificar un lugar donde usted pueda desarrollar su intimidad con usted misma y agende ese momento ideal en su día para en armonía de pensamiento y estabilidad de espíritu refugiarse en el análisis interno de sus recursos, con el único propósito de reencontrarse con usted misma. Yo he diseñado mi espacio, pero suelo hacer un cambio de “switch” cuando tengo a mi favor el cálido sonido de las olas del mar o el zumbido del campo, zonas únicas que me permiten refugiarme en mis propias necesidades, logrando un reencuentro interno de sincronización de cuerpo y espíritu. Suelo ser agradecida, pero son estos momentos donde me desbordo en gratitud hacia las bondades con las que he sido premiada y solo así me recargo para continúar sorteando los embates cotidianos con lo que nos enfrentamos, en su mayoría proporcionados por el entorno o por otros. Sólo así mi alma ríe a carcajadas, justo con el repaso de la memoria a través de las imágenes de los grandiosos momentos que me quedan como adornos que complementan mi estancia en el refugio de mi mente. También se reinventarme los domingos, cuando los convierto en día de pijama y con la pesadez de mi cuerpo agotado, entre mi cama, mi almohada y mi sabana, el desorden elegido se convierte en la calma necesaria de una mente inquieta y cansadaÖ ¡He aprendido a elegir mis pensamientos y los invito a identificar su refugio para que vivan la magia de estar con ustedes mismas! ¡Con el favor de Dios nos leemos la próxima semana!

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