¡Oh coherencia!

Ana Mercy Otáñez
amercy@gmail.com

Hace poco compartía con un grupo de amigas, y de nuestra conversación salió a relucir el tema del porqué es tan difícil aceptar el éxito de los demás o la forma de vida de cada quien sin sacar a relucir sus defectos, sus caídas o la forma en la que consiguió tal o cual cosa, según nuestras creencias o lo que hemos escuchado, aplicando el que casi nunca hemos estado al lado de quien descalificamos. Este tipo de evaluación se da en lo personal, profesional o sentimental. La discusión tomó forma cuando a una de las presentes se le ocurrió expresar el refrán que reza: “lo que me molesta en ti, lo corrijo en mí”. ¡Difícil! ¡A un solo grito! Nuestro primer reconocimiento en la disputa fue que no estamos en la disposición de aceptar y reconocer en nosotros mismos lo que nos disgusta en los demás, mucho menos hacemos el ejercicio de saber cómo somos, qué valores tenemos, cuáles han sido los valores con lo que hemos crecido, y mucho menos registrar nuestras debilidades. De ahí, lo difícil de aplicar el citado refrán, pues actuamos sin escala o miramientos al juzgar, desmeritar y tratar de menospreciar los logros ajenos. Así como a cada uno de nosotros nos ha tocado vivir unas secuencias de hechos y sucesos que nos han permitido posicionarnos en el camino correcto, de igual forma cada ser humano tiene un valioso trayecto que narrar como hechos de vida, los cuales en diferentes perspectivas constituyen nuestra hoja de vida. Sin embargo, es de todos sabido que lo que vemos en otras personas dice mucho de nosotros mismos, pues este suele ser un espejo en que solemos vernos reflejados, aunque no lo aceptemos. Me costó entender eso, porque desde hace un buen tiempo he decidido vivir bajo un esquema distinto y no detenerme en los demás, sino seguir mi camino, haciendo lo que me hace feliz y me da paz. Aunque debo reconocer que mi actitud ha sido extraña para algunos, no así para otros. Este tema me desató el gusanillo de la inquietud, por lo que averigüé, leí sobre el mismo y en decenas de artículos aparecen las mismas referencias y las explicaciones, lo que me ha permitido entender a quienes sin escrúpulos son capaces de destruir la vida a nivel moral de otros seres humanos y seguir viviendo con la consciencia tranquila, y hasta mostrando ser felices; peor aún, se divierten haciendo maldad, ocasionando sufrimiento y creando historias que marcan con tinta indeleble hasta el corazón más cruel. En lo cotidiano podemos ver decenas de fábulas de vidas marcadas por la malicia o nadando en el fango que muchos han vertido sobre ellos, sin embargo cada quien tiene sus propios “finales felices”Ö Lo peor es que muchas personas de este tipo andan por la vida dando consejos, escribiendo frases bonitas, haciendo de ejemplos, pero olvidan aplicar con hechos lo que pregonan con la bocaÖ ¡Oh coherencia! Nos leemos la próxima semana con la gracia de Dios.

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