¡No vamos bien, alguien debe poner atención!

Ana Mercy Otáñez
amercy@gmail.com

En los últimos tiempos vivimos en una constante confusión, nuestra sociedad atraviesa por una de las degradaciones sociales más agresivas.

Hemos perdido el norte de nuestros valores, de la solidaridad, del compañerismo y del amor sano. Como seres humanos hemos dejado de lado el desarrollo y el crecimiento para sumergirnos en la banalidad de la prisa, del tener, del exhibir en lo material y mostrar el cuerpo, como acciones indispensables para escalar o por la ignorancia de congraciarnos con algún segmento de la sociedad, a pesar de que no nos convenza el alma o vaya en contra de nuestros valores.

En el corazón
A pesar de los logros y avances que mostramos como pueblo también vivimos dentro de la incertidumbre, la indecisión y la intranquilidad, es una sensación extraña que nos inquieta el corazón, que se siente en lo más profundo y que nos enfrenta entre la razón y la lógica.

Cuando más lo vivimos es cuando advertimos en quienes nos lideran y en los que aspiran, a que no tienen la capacidad para hacer lo que nos conviene a todos sino que están sustentados en el individualismo, en el dolor o en el rencor de lo que han vivido y, esto nos está llevando a la oscuridad, sin advertir que sus acciones contradicen su prédica.

Falta liderazgo
Estamos confundidos al no ver una luz que nos indique que existe algo más que ambición personal entre quienes nos dirigen y en quienes pretenden hacerlo. Siento que vivimos en una confusión mágica, que nos está llevando de la indecisión que enfrenta a la fantasía con la realidad. Cuantos discursos vacíos, personas poco expresivas y sin conocimientos reales de lo que vivimos, sin una oferta acabada, sin equipo, sin gente, sin almas.

¡Estamos llenos de dudas! y necesitamos sentir, conectar e identificarnos, para creer, aceptar y vivir desde el corazón las propuestas que de verdad nos toque.

Tiempo de elegir
En estos días en que nuestro país anda de inicio de fiesta electoral debemos hacer un alto, tomarnos el tiempo para analizar dentro del marco del silencio, el pensamiento claro, el saber observar y escuchar con el corazón, con la simple idea de no equivocarnos, con el propósito de hacer prevalecer nuestro sentir, haciendo lo que nuestro corazón nos indique.

Dejemos de elegir al menos malo, al que me resolverá mis problemas, para escoger al que sabrá conducir el país en beneficio de todos.

Con el poder de Dios nos leemos la próxima semana.

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