¡Hay magia en dar!

Ana Mercy Otáñez
amercy@gmail.com

Por razones laborales he encontrado una vía donde realizar mi labor social y he comenzado a dar rienda suelta a mis deseos de cooperar con otras mujeres. El Ministerio de la Mujer me ha dado esa oportunidad, aunque nunca había pasado por mi mente estar tan de cerca del tema de la violencia intrafamiliar y de género. Emprender y desarrollar talentos que ayuden a las mujeres a salir de la pobreza y vivir sus sueños es un tema que me apasiona, sin embargo las decisiones divinas no son elecciones propias y Dios sabe por qué ubicarnos en determinados lugares y cuándo hacerlo. Algunos meses llevo siendo parte del MMujer y tengo que admitir que lo más duro de este trabajo es el drama de los niños víctimas de este flagelo y los familiares que los acogen. Nadie en su niñez espera que el mundo le cambie de la noche a la mañana de una forma tan trágicaÖ Nuestro trabajo como Ministerio de la Mujer es muy amplio y abarca distintos renglones, pero este es uno de los más sensibles. Estoy en el departamento de comunicación. Estar en contacto con ellos no es mi trabajo, pero tampoco puedo obviar su realidad. Manejamos estadísticas. Son niños huérfanos de la violencia. Sus vidas están marcadas por el dolor, la desdicha y decenas de penuriasÖ Vivirlo de cerca es un contraste con la inocencia de la edad de los más pequeños por el poco conocimiento de la tragedia. Algunos no pierden la alegría y corren, juegan y bailan. ¡Son niños! Lo duro es el caso de los más grandes, esos que están en la adolescencia, que conocen su escenario, que llevan una carga pesada, que luchan con una batalla que no buscaron y que quizás nunca vencerán. Lo ves manifestarse en cada una de sus expresiones. Sus ojos lo dicen, brillosos, hablan de tristeza, miradas perdidas llenas de recuerdos. ¡Dios, qué angustia! Se me ahogó el corazón en más de una ocasión, no pude escuchar ninguna de las declaraciones de las familias que acogen estos niños. Valoro ser parte de este Ministerio y de esta gestión, que me ha permitido ver el mundo desde otras miradas. Estar cerca de estos infantes en la festividad del Día de Reyes Magos nos hizo vivir horas de magia, de fiesta, risas, bailes y payasos que nos permitieron por un momento ayudarlos a celebrar una fecha importante para su edad y por algunas horas liberarlos de su adolorido entorno. Entregarles un juguete y ver un cambio en sus rostros vale más que cualquier premio. Ahí compruebas que hay más valor en dar que en recibir! Sé que hay un protocolo para tratar a estos niños que trabajan de manera conjunta el MMujer y el Despacho de la Vicepresidencia, pero se me ocurre convidar a un grupo de mujeres a que formemos un movimiento de ayuda, pues su condición en la mayoría de los casos es de mucha necesidad. Podemos ayudar con ropa, calzado, alimentos, medicinas, atenciones médicas, escolaridad, apoyo psicológico, pero sobre todo con mucho amor. ¿Quién se une? Con el poder divino de nuestro Señor Jesús les escribo la próxima semana.

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