En el proceso de darme permiso…

Ana Mercy Otáñez
amercy@gmail.com

En los últimos meses he entrado en un proceso de cambios intensos y extraños, que no he provocado yo, sino las circunstancias. Es así como he comenzado a escuchar, leer y escudriñar sobre temas que no merecían mi atención, entendía yo, o simplemente no había razón para despertar en mí, el gusanillo de la investigación, los cuales me han permitido llegar a la conclusión de que es el momento de darme permiso para algunas cosas.

He comenzado por despojarme de mi capa de heroína y darle libertad a mis sentimientos, esos que por fuerza reprimimos o contenemos, sin saber el profundo error que cometemos. En los últimos días he decidido enfrentarme a mí misma y darme el tiempo necesario para aceptar, asumir y comprender lo que vivo, sí, esas sensaciones proscribes que por tiempo nos arropan, nos disminuyen, nos enfrentar y que se convierten en un pleito interno que nadie conoce.

Cada ser humano es único, por lo que no todos estamos listos para aceptar las causas que nos tambalean el almaÖ Y es que aun dando lo mejor de nosotros, podemos flaquear, es el momento de ver estas situaciones como un impulso que nos conduce a experiencias que complementaran nuestro ser, en cuerpo, alma, sentimientos, pensamientos, sueños, deseos y acciones. Lo propio con nuestros errores y sus resultadosÖ He comenzado por darme el permiso de vivir cada una de mis turbaciones, positivas o negativas, con pensamientos y acciones auténticos. Ahora depuro mis batallas e identifico con quién las libro.

Soy más selectiva en las personas con quienes me relaciono, buscando que estas puedan aportarme tanto valor como el que yo procuro contribuirles a ellas. Hoy, es obligatorio para mí dedicarme tiempo, sumergida en mí universo personal, dejando atrás, aunque sea momentáneamente todo tipo de presiones, obligaciones y acciones que solo sean para complacer a otros.

Me doy el permiso de amarme tal cual soy, enamorándome cada día de mí y de la vida, expresando libremente lo que pienso y siento.

Me doy permiso de aceptar mis errores, mis frustraciones, mis decepciones y mis desaciertos, pues estos me han permitido crecer y se han convertido en un espejo donde me puedo ver mejorÖ

Me doy permiso de sentir tristeza, de mis silencios y de sentir dolor. Me doy permiso de emocionarme con detalles simples e insignificantes que me satisfacen el corazón y me sensibilizan el alma. Me doy permiso de reconocer el valor de mi familia, sus aportes y el soporte que son para mí.

Me doy permiso de aceptar mis cualidades y de lo valiosa que soy como persona. Me doy permiso para reconocer mis avances de crecimiento y superación, aunque sepa que falta mucho camino por recorrerÖ

Me doy permiso de escucharme desde lo más profundo de mí ser, para permitirme evaluar mis juicios y prejuicios, pero sobretodo me doy permiso de amar y dar a otros los mejor de mí, aportando al crecimiento de otros sin imposiciones de cambio o creenciasÖ Me doy permiso de pulirme el alma con el propósito de alcanzar el bienestar de la estabilidad emocional sin la sombra de la perfección.

¿Tu, que permisos debes darte? Lo importante es dar el paso de examinarnos internamente y aceptar el darnos los permisos que sean necesarios para conectar con nuestra esencia. Con el favor de Dios nos leemos la próxima semana.

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