¡Educar diferente!

Ana Mercy Otáñez
amercy@gmail.com

La vida va muy rápida y los códigos de crianza ya no son los mismos. Tengo una educación campeche con sus limitaciones, pero con mucha calidad y presencia de mis padres, mis tíos, mis abuelos y unos vecinos formidables que gozaban de la autorización de mis progenitores para actuar sobre mi si fuese necesario. Lo que más valoro es como imperaba el respeto, la honradez, la integridad, la confianza y la responsabilidad en los planes de crianza de nuestros tutores. La dulzura, el cariño, la entrega y el amor eran manifestaciones cotidianas que hoy son soportes de nuestra personalidad. Mis padres no eran profesionales universitarios, pero eso no fue obstáculo para que creyeran en lo importancia de la educación de hogar y de escuela para nosotros y en la realización extracurricular de hacer lo que nos gustaba, yo jugué volleyball y mi hermano estudió música. Sus creencias y las reglas estaban por encima de la modernidad que trae cada época y crecimos con esa transmisión de valores morales que primaba en esos tiempos. Lo que me hizo ser beneficiaria de una formación integral basada en el desarrollo del ser humano que se complementaba con los aportes de la escuela. Cumplíamos bajo horarios establecidos los quehaceres de la casa y nuestras responsabilidad de estudiantes para luego correr en los parques. Realizabamos mandados ajenos y obedecíamos disposiciones de profesores y allegados, así nos formamos en hermandad. Eso nos dió un crecimiento en unidad, solidaridad y con compromiso con nosotros mismos y con nuestro entorno. Y no sufrimos de ningún mal de conducta o aislamiento que un castigo o pela no nos ayudara a superar. Desde hace un tiempo siento preocupación por el destino de las recientes generaciones y no sé, dónde nos perdimos. Dónde fue que olvidamos que somos seres con sentimientos, para convertirnos en seres materiales, dónde fue que el tener se puso encima del ser y del saber. Cuando fue que la ignorancia tomó el lugar de la satisfacción del alma hasta el punto de promovenla. Como seguimos motivando a nuestra prole a ser innovadores, cuando no nos hemos detenido a apreciar sus habilidades y talentos para conducirlos hacia sus pasiones y sueños. Como gritamos al mundo con complacencia que tenemos profesionales exitosos formados con los más altos estándares de calidad, pero no somos capaces de advertir que muchos de ellos son seres vacíos de espíritu que no saben enfrentarse a los problemas cotidianos, no son empáticos, no conocen el manejo de conflictos, no saben de liderazgo o crecimiento personal, ni son resilientes, porque viven bajo la ansiedad de tener y poseer para competir. Son individuos que viven bajo la presión de una sociedad enferma, sin tiempo, ni pasión, que no exploran su interior, ni conocen su propósito en la vida, porque subsisten bajo el credo de la acumulación o del yo tengo. De ahí nacen los solitarios, los que se les desgasta la vida y sucumben al refugio de las motivaciones que dan los vicios, para terminar en la frustración del alma, el dolor y los lamentos de toda una familia y de la sociedadÖ ¡Que Dios nos ayude a cambiar el rumbo de la educación y a integrar materias de vida en el pensum escolar, porque parece difícil que lo asumamos en el hogar. ¡Todos tenernos culpa! ¡Todos podemos aportar y cambiar! Con el poder divino nos leemos la próxima semana.

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