Cinco preguntas necesarias

Ana Mercy Otáñez
amercy@gmail.com

Cuando trazo mis metas de cada año, suelo centrarme en puntos internos verdaderamente importantes para mí. Desde hace tiempo trabajo conmigo misma, centrada en mejorarme y, sobre todo, realizarme, porque nada es tan importante para el ser humano como conocer su propósito en la vida. Aquí se aplica el refrán; “Uno propone y Dios dispone.” He aprendido a tomarme un espacio para reflexionar, es lo que denomino un encuentro con “mimisma” bajo café, vino tinto o mimosa, eso dependerá de mi ánimo, pero procuro estar alegre, en un ambiente relax, en armonía, tranquilidad y con mucha paz. Busco un refugio para mi alma y concentración para mi mente, donde pueda identificar cuáles son mis necesidades más significativas. Al igual que muchas otras personas suelo hacerlo al finalizar cada año, porque es un período ideal para evaluarnos a través de algunas preguntas; es método que he creado, sencillo y fácil, pero sobre todo ideal cuando se trata de cosas con nosotras mismas. Acostumbro a preparar el ambiente con la finalidad de ponerme en actitud, cuerpo, alma y espíritu, para responder de manera consciente, responsable y honesta los secretos claves que me conducirán a una valoración limpia y real de donde estoy y a donde quiero llegar. La primera interrogante con la que suelo comenzar es: ¿Qué necesito? Esta pregunta me conduce a contestar de forma íntima, profunda y consciente, es justo aquí, donde nos conectamos con nuestro interior, dejando de lados necesidades frívolas, vacías e innecesarias, como son las materiales, esas que rápido podemos equiparar cuando nos preguntamos: ¿qué quiero?” o “¿qué deseo?, nuestra réplica podrá ser inmediatamente superficial, tanto como ambas interrogantes. No es lo mismo pedir para satisfacer el alma, que pedir para complacer las necesidades impuestas por la sociedad. Identificado este punto, pasamos a la acción siguiente, concentrándonos en responder los “por qué”, para despejar el camino y encontrar las estrategias que nos permitan hacer los planes que nos conduzcan a la solución de nuestras necesidades, siempre y cuando respondamos con conciencia y aceptación cada interrogante. La tercera, ¿Puedo sola o quién me puede ayudar? Crecer siempre ameritará de quienes nos ven desde fuera y de quienes caminan a nuestro lado, por lo debemos equilibrar los aportes de nuestro entorno, de igual forma podemos sostenernos en las orientaciones, el coaching o la mentoria, herramientas útiles para superarnos. En cualquier caso, pensar en qué o quién me puede ayudar nos abrirá las puertas para salir de las situaciones que nos angustian y nos llevan hasta el bloqueo, entonces, es momento de salir del estancamiento por decisión propia. Hay momentos en lo que no vemos el camino de la solución, mientras otra persona tiende a tener la respuesta a flor de labios. Pasando a la siguiente, siempre debemos preguntarnos: ¿Qué aprendizaje me deja esto? Nadie sale ileso de los dolores de la vida, ni de las malas experiencias. Es por ello, que debemos identificar los “para qué”, con el propósito de encontrar siempre lo positivo en cada proceso. Buscarle el sentido a cada una de nuestras experiencias negativas nos ayuda a crecer y de manera especial a tomar decisiones de manera más saludables y armónicas con nuestro presente. Con el poder de Dios nos leemos la próxima semana.

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