¡A los de 40+!

Ana Mercy Otáñez
amercy@gmail.com

De ser madre me he convertido en una mamis de 40+. Soy un cúmulo de experiencias, algunas muy gratificantes que me satisfacen el alma, me hacen sentir plena y felizÖ Otras han sido un bagaje de enseñanzas que atesoro y guardo con el simple propósito de tener siempre un aprendizaje a mano. Ser madre es una de las más grandes bendiciones con la que he sido premiada, criar a mis hijos ha sido todo un acontecimiento lleno de mucha destreza, numerosas responsabilidades, conciencia, entrega, miedo, dolor y el acto de amor más grande que un ser humano pueda sentir hacia otro. Sé mejor que nadie lo diferente que puede ser en cada mujer, pero me atrevo a decir que de tener la oportunidad de elegir, lo volvería ser otra vez, en esta vida y en otra, si existiese. Justo cuando arribé a mis 40 años escribí una “Crónica ligera” de lo que significaba mi experiencia como madre, llevaba buen tiempo ejecutando mi mayor función de vida. ¡Hoy! Unos añitos después, siento que la historia se ha invertido, permitiéndome reinventarme y continuar. He comprobado que he dejado algunas de mis funciones en el camino y he tenido que redefinir mi trayecto, aceptando el cambio, lo que me ha convertido de madre a mamis de 40+. Los hijos crecen, mucho más rápido de lo esperado y surgen en nosotras decenas de interrogantes, cuando vamos perdiendo protagonismo en sus vidas. Por ejemplo: ¿Dónde nos quedamos? Ahí, justo al lado, como una biblioteca personal, como un material de consultas o nos convertimos en el “Google” viviente. Es una situación para la que no nos preparamos, pero que llega antes de lo planificado. De tener una vida “afanosamente feliz”, donde aprendí a ser un pulpo de compromisos y responsabilidades como madre, chofer, profesora, “delivery”, “cheerleader”, psicóloga, asesora de imagenÖ (Ponga aquí todos los “utility” que usted pueda imaginar) cuando se tiene dos vidas bajo nuestro cuidado a ser una mamis de 40+ o una vieja gruñona. Es un cambio inevitable, está en nosotras como lo asumamos. Nunca me han pesado mis funciones de madre, es lo que más me he disfrutado y las que nunca dejaré de ejercer, es la carrera que no elegí y de la que podría vivir eternamente. Ahora bien, esto no quita que he comenzado a pasar a otro lugar en la vida de mis hijos. ¡Y no me molesta! Porque he aprendido a vivir cada etapa. Me he casado de nuevo, he comenzado a encontrar espacio para mis ‘hobbies’, tiempo para amigas, para invernar, viajar, soñar, crear, pero sobre todo para vivir, asumiendo otros compromisos conmigo misma en los que trabajo a diario, sin dejar de ser madre, ni mujer. Ahora me he convertido en “mentoring” de sus sueños, “coach” de sus metas y disfruto cada paso de su existencia de adultos. No he dejado de ser una madre intensa, pero he aprendido a administrar mis ejecutorias, porque los ayudé a ser independientes. No duermo hasta que no llegan, escribo mensajes, mando audios, hago dramas, pregunto cuándo se irán de casa, aconsejo de buena manera y exploto ante cualquier amenaza contra ellosÖ ¡Es normal! También, disfruto de sus enseñanzas y me traen alegrías diferentes, soy una observadora de sus discusiones políticas, cotidianas o deportivas, pero nada es tan gratificante como la hermandad que los une y la solidaridad entre ambos ante mis imposiciones. He pasado de profesora a alumna y en decenas de casos me han pedido dejar a la periodista fuera de casaÖ Nunca dejaré de ser su madre, pero esto no quita que disfrute mi momento de “mamis de 40+”. Es una etapa distinta, de crecimiento total, donde no importa si debemos comenzar de nuevo, de hacerlo, hágalo desde adentro, responda esas interrogantes directas, es el momento de acompañar sin invadir y vivir sin depender. Hasta la próxima semana con el poder de Dios.

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